Salud

Un paraíso envenenado

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Un peligroso estanque de residuos tóxicos de Siberia se ha convertido en lugar de peregrinaje para 'instagramers' por su aparencia de idílico lago

Un vertedero químico de una central termoeléctrica de Novosibirsk, la tercera ciudad de Rusia en número de habitantes, tras Moscú y San Petersburgo, y la más grande de Siberia, se ha convertido en una verdadera atracción para los 'instagramers' por su paradisiaco y deslumbrante color turquesa. Se trata de un estanque artificial de residuos tóxicos, pero los buscadores de selfis lo presentan como un lago tropical propio de edenes como las islas Seychelles y las Maldivas. La realidad es que se encuentra en la gélida Siberia y constituye un peligro para la salud.

Ya lo han advertido los responsables de la planta ante la inesperada afluencia de 'instagramers', turistas y curiosos. «El agua del vertedero no es para beber, es de origen industrial y contiene sales disueltas de calcio, óxidos metálicos y un alto pH», avisa la empresa energética en un comunicado. La nota alerta también de que «el contacto del agua con la piel es peligroso, puede causar reacciones alérgicas». Otro problema del contaminado 'lago azul' es que tiene un fondo muy fangoso y en algunos lugares podría atrapar a los bañistas igual que las arenas movedizas. Carteles que advierten de estos peligros han sido colocados por todas partes de forma bien visible para evitar desgracias.

Pero esos mensajes de alerta no han amedrentado a los jóvenes de Novosibirsk. Resulta muy tentador enviar a los amigos fotos de un lugar de apariencia paradisiaca sin tener que adquirir en la agencia de viajes un tour a un resort de lujo. Los fotógrafos Mijaíl Reshétnikov y Maxim Frolov se lanzaron a la búsqueda de adictos al glamour y publicaron sus trabajos en 'The Siberian Times', el periódico de Novosibirsk en lengua inglesa.

Reshétnikov dice haber visto árboles muertos alrededor del vertedero y asegura que el agua «despide un olor muy fuerte a detergente». En declaraciones a 'The Siberian Times', afirma que «sientes enseguida que no es un lugar seguro». La compañía que explota la central térmica ha anunciado que «deambular por el basurero es como hacerlo por un campo de entrenamiento militar. Es peligroso e indeseable, ya que no es solo un depósito, sino también una estructura hidráulica». Efectivamente, de la superficie del agua sobresalen tuberías oxidadas.

Una de las que ya han sufrido las consecuencias de las reacciones químicas del tóxico lago es Uliana Artamónova, responsable de una organización ecologista de la ciudad. Fue al lugar y filmó un vídeo. Después de la visita «se me irritó la piel de la cara y sentí cierta sequedad en la garganta y la nariz». Aún peor, Otros han contado que las suelas de sus zapatos se desprendieron después de un largo paseo por la orilla. Pero la gente sigue acudiendo, incluso con niños, y organizan hasta barbacoas. A las parejas de recién casados también les gusta también fotografiarse allí.

Los informes más alarmistas hablan de vapores venenosos que destruyen la vegetación y han tornado de color azul las plumas de algunas aves. Pero la planta térmica niega que las secuelas de los vertidos puedan llegar a producir tales efectos. «Claro que esto no es un lugar saludable, pero tampoco es Chernóbil», ha comentado un operario de la empresa. Según sus palabras, «lo que no hay en ningún caso en la zona es radiación».

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