Salud

Mamá, me quiero vacunar

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Ethan Lindenberger celebra sus 18 años inmunizándose y se erige en un símbolo contra las teorías conspirativas

Ethan Lindenberger quiere mucho a su madre, pero no está de acuerdo con ella en todo. Jill, su progenitora, y él discuten de cosas propias de la adolescencia. Asuntos triviales, salvo uno muy serio: las vacunas. «Mi madre no cree que sean algo beneficioso para la salud y la seguridad de la sociedad. Que provocan autismo, daño cerebral y otras complicaciones», apuntó Ethan en un vídeo subido a las redes sociales el pasado fin de semana. Estas creencias maternas chocaron con lo que el joven pensaba. Así que en diciembre, cuando cumplió 18 años, cometió un doméstico acto de rebeldía: fue al centro de salud a vacunarse.

Ethan contó toda su experiencia, desde cómo publicó un artículo en la web 'Reddit' buscando información sobre si podía vacunarse hasta cuando dio el paso. No entendía cómo su madre podía creer esas cosas. Sus reflexiones y su 'hazaña' saltaron de móvil en móvil, de red en red social hasta convertir a este adolescente de Ohio en una celebridad. El martes acudió al Comité de Salud del Senado estadounidense, invitado por los parlamentarios, para que explicara su decisión.

Con voz calmada y ataviado con traje y corbata, desgranó el camino que le llevó a desobedecer a su madre. «Era un estudiante de último año de instituto con un coche, un permiso de conducir y dinero propio», dijo, antes de señalar que su cambio de postura fue «una progresión lenta» que comenzó viendo pruebas. «Me intrigaba que tanta gente refutara a mi madre», añadió. La fuente primigenia de Jill era Facebook. Las pruebas de Ethan no venían de la red de Mark Zuckerberg, según contó a los perplejos senadores. Él comenzó a informarse en los Centros para el Control de Enfermedades (CDC), la autoridad sanitaria en Estados Unidos, así como en organizaciones de salud pública y en revistas científicas.

«Convencer a los padres de que sus hijos corren peligro es la mejor manera de hacer que las personas cambien de opinión»
Ethan Lindenberger

Pero cuando le mostraba a su madre artículos científicos que señalaban, por ejemplo, que la triple vírica (contra el sarampión, las paperas y la rubéola) no causaba autismo, ella le respondía: «Eso es lo que quieren que pienses». El senador republicano Lamar Alexander, presidente del comité de Salud, ironizó sobre la tensión que el tema debe generar en el hogar del joven. «Me gustaría ser invitado a la cena de Acción de Gracias en su casa», comentó al joven. «Saludo su espíritu crítico», afirmó otro senador, el demócrata Tim Kaine.

En la sesión del Senado comparecieron varios expertos sanitarios para defender la importancia de las vacunas. La madre de Ethan no testificó públicamente.

Desinformación

Ethan es persistente. Intenta convencer a su madre de que está equivocada. «Sigo tratando de ser lo más respetuoso y amable posible con ella y de mostrarle la verdad. Creo que entiende que esto es importante para mí. Eso es suficiente para la relación», añadió tras la sesión en Washington. Es más, está convencido de que la postura de su madre parte de un buen sentimiento por lo que había leído y que quería lo mejor para su pequeño. «La gente realmente no reacciona a los números y los datos. Mi madre reafirmaba que su posición era correcta porque conocía casos, pero las correlaciones no son lo mismo que la causalidad. Las fuentes que difunden desinformación deben ser la principal preocupación del pueblo estadounidense», recalcó Ethan, que vive con su padre y quiere ser pastor.

La fórmula del joven para acabar con los bulos de los antivacunas pasa por responder a esos supuestos casos con otras historias personales sobre la muerte y las complicaciones surgidas por no vacunarse. «Convencer a los padres de que sus hijos corren peligro es la mejor manera de hacer que las personas cambien de opinión», dijo Ethan que está ganando esta gran batalla en casa. Tiene cuatro hermanos menores y su trabajo de persuasión está funcionando. «Hasta ahora ha habido una inclinación hacia mi lado», apuntó.

Con su decisión, Ethan Lindenberger ha devuelto el debate de la vacunación a Estados Unidos. Muchas de ellas son teóricamente obligatorias en el país para ir a la escuela. Pero 47 de los 50 Estados permiten exenciones por razones personales, filosóficas o religiosas. Incluyendo el suyo, Ohio. En California, Misisipi y Virginia Occidental sólo se permite por motivos médicos.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), es necesario que el 95% de la población esté vacunada para alcanzar «el umbral de inmunidad del grupo» ante una enfermedad. España, por ejemplo, es uno de los países europeos con mayor tasa. Roza el 96% de vacunación infantil, unos ratios que no alcanzan países de nuestro entorno como Francia o Italia.

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