Tecnología

Los hackers desean tu coche conectado

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Hablar de teléfonos y ciudades conectadas ya no sorprende. Pero hacerlo de vehículos inteligentes o autónomos, que puedan conducirse en red, ya son palabras mayores

La industria del automóvil se prepara para una doble revolución. La que llegará a los motores donde el petróleo puede ser devorado por la electricidad u otros sistemas de energía, y también la del desembarco total de la tecnología en los cerebros digitales de los vehículos.

El aterrizaje de las redes de comunicación 5G, previsto para 2020, llega con la conducción autónoma total, es decir, sin conductor. Hoy en día por las carreteras españolas circulan vehículos con nivel SAE (sociedad de ingenieros automotrices) 0, 1, 2 y 3.

En estos estadios los coches equipan sistemas tecnológicos de ayuda a la conducción, pero necesitan de la intervención humana para rodar. En Estados Unidos, las grandes tecnológicas como Google y también Uber ya trabajan en la conducción autónoma, aún más propia de las superproducciones de Hollywood.

Esquivando accidentes y problemas legales con las diferentes administraciones públicas, constructores y, sobre todo, programadores se enfrentan ahora a un nuevo reto: la ciberseguridad de estos nuevos vehículos. A las medidas habituales de protección se le suman otras más propias de ordenadores, 'smartphones' y grandes computadoras.

Expertos en ciberseguridad ya han alertado de la poca importancia prestada hasta la fecha en este campo y la facilidad de explotación de miles de líneas de código en, muchos casos, texto plano. Por eso, los técnicos de la firma S21sec se ha centrado en los vehículos equipados con sistemas de TPMS inalámbricos.

Estos coches montan en cada neumático un sensor que mide diversos valores y los transmite de forma periódica a una Unidad de Control de Motor (ECU). En caso de pérdida significativa de presión, por ejemplo, se avisa al conductor. «La señal de radio utilizada no corresponde a ningún estándar abierto, aunque gracias al trabajo de ingeniería inversa se ha documentado el formato de los principales fabricantes», explica.

Con solo 40 euros los ingenieros crearon una estación receptora con un alcance de hasta 400 metros y que les permitía captar los TPMS de los vehículos que circulaban por su radio de acción. A partir de ahí estos expertos en ciberseguridad consiguieron modificar con suma facilidad los códigos de cada vehículo.

Talleres tecnológicos

Con una sola acción se puede alterar el funcionamiento del vehículo, por ejemplo, encendiendo el testigo luminoso que indica baja presión en el neumático, de modo que el vehículo entre en modo de seguridad limitando la velocidad en una autopista. «Los sistemas TPMS han supuesto una importante mejora en la seguridad vial. Pero como cualquier nueva aplicación también conllevan la introducción de problemáticas de seguridad informática que no existían en los sistemas tradicionales», apuntan.

Los nuevos modelos mezclan carrocerías vanguardistas, los acabados más perfectos y miles de líneas de código que dan vida a los cerebros tecnológicos instalados en las centralitas de todos los vehículos que salen de fábrica.

Un lenguaje perfecto para máquinas, pero con pequeños agujeros ideales para convertir un coche en un mando a distancia de ciberdelincuentes. Lo descubrieron en 2015 dos 'hackers': Charlie Miller, ingeniero de seguridad en Twitter, y Chris Valasek, director de investigación de seguridad en el automóvil de Ioactive. Diseñaron un 'software' para secuestrar un Jeep Cherokee conectado a internet, lo que les llevó a tener su conducción remota.

Los talleres ya se preparan para ser más tecnológicos y las empresas de seguridad también se reciclan. Fruto de ello es el software de C2a Security llamado AutoArmor, que monitoriza la actividad de las ECU del coche, las centralitas informáticas que manejan el vehículo. Con ello detectan anomalías o ataques externos de los 'hackers'.

Tocará actualizar los seguros

Un 90% de los accidentes de tráfico son producidos por errores humanos, según la DGT. Los vehículos autónomos pueden generar una nueva realidad, modificando la forma en la que se viaja, la normativa y también cambiando el negocio de las aseguradoras.

Para 2020 todas las compañías de pólizas tendrán que facilitar a sus clientes otros servicios y prestaciones que se amolden al nuevo modelo de conducción. Y es que todos los ocupantes del coche pasarán a considerarse pasajeros, incluido el conductor.

Pero ya se han producido los primeros accidentes con este tipo de vehículos y la duda es quién es el responsable. La figura del conductor no existe en ellos, y por eso la aseguradora tiene que delimitar sobre quién recaerá ese papel. «En estos supuestos será el fabricante del vehículo, así como la marca del equipo tecnológico ('software', GPS, etcétera), quienes respondan sobre el incidente», apuntan en Mapfre.

Sin embargo, el propietario del coche también tendrá una parte de responsabilidad. Así, para esclarecer los hechos habrá que analizar si la persona iba conduciendo, o bien si lo hacía ya el coche de forma automática. «Al igual que sucede ahora con los coches tradicionales, estudiar las circunstancias que han provocado el siniestro seguirá siendo clave para determinar quién es el responsable», añaden en la aseguradora.

Los seguros en los automóviles mueven cerca de 619.000 millones de euros en pólizas todos los años en el mundo, lo que supone el 42% de todos los seguros sobre una propiedad o accidente. Pese a esos grandes números, las compañías con pólizas de vehículos autónomos todavía tienen complicado discernir la responsabilidad concreta de cada actor en los casos en que aquellos hayan sido 'hackeados'.

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